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Piense en su día de trabajo más productivo de la semana pasada. Ahora pregúntese: En esa tarde, ¿qué comió?

Cuando pensamos en los factores que contribuyen al rendimiento en el trabajo, rara vez tenemos en cuenta la comida. Para los que luchamos por estar al tanto de los correos electrónicos, las reuniones y los plazos, la comida es simplemente el combustible.

Pero resulta que esta analogía es engañosa. Los alimentos que ingerimos nos afectan más de lo que creemos. En el caso del combustible, podemos esperar el mismo rendimiento de nuestro coche, independientemente de la marca de gasolina que pongamos en el depósito. La comida es diferente. Imagina un mundo en el que repostar en Mobil significara evitar todo el tráfico y usar BP significara conducir a no más de 30 kilómetros por hora. ¿Sería usted tan arrogante a la hora de comprar gasolina?

La comida tiene un impacto directo en nuestro rendimiento cognitivo, por lo que una mala decisión a la hora de comer puede desbaratar toda una tarde.

He aquí un breve resumen de por qué ocurre esto. Casi todo lo que comemos es convertido por nuestro cuerpo en glucosa, que proporciona la energía que nuestro cerebro necesita para mantenerse alerta. Cuando nos falta glucosa, nos cuesta mantener la concentración y nuestra atención se desvía. Esto explica por qué es difícil concentrarse con el estómago vacío.

Hasta aquí, lo más obvio. Ahora viene la parte que rara vez tenemos en cuenta: No todos los alimentos son procesados por nuestro cuerpo al mismo ritmo. Algunos alimentos, como la pasta, el pan, los cereales y los refrescos, liberan su glucosa rápidamente, lo que provoca una explosión de energía seguida de un bajón. Otros, como las comidas ricas en grasas (pensemos en las hamburguesas con queso y los BLT) proporcionan una energía más sostenida, pero exigen que nuestro sistema digestivo trabaje más, reduciendo los niveles de oxígeno en el cerebro y dejándonos atontados.

La mayoría de nosotros sabemos esto intuitivamente, pero no siempre tomamos decisiones inteligentes sobre nuestra dieta. En parte, se debe a que estamos en nuestro punto más bajo tanto de energía como de autocontrol cuando decidimos qué comer. Las patatas fritas y los palitos de mozzarella son mucho más apetecibles cuando estás mentalmente agotado.

Además, las opciones de comida poco saludables suelen ser más baratas y rápidas que las alternativas sanas, lo que las hace aún más atractivas en medio de una ajetreada jornada laboral. Se sienten eficientes. Y ahí es donde nuestras decisiones a la hora de comer nos llevan por el mal camino. Nos ahorramos 10 minutos ahora y lo pagamos con un rendimiento más débil el resto del día.

Entonces, ¿qué debemos hacer? Una cosa que no debemos hacer es suponer que una mejor información nos motivará a cambiar. La mayoría de nosotros somos conscientes de que engullir una mezcla procesada de huesos de pollo y restos de cadáveres no es una buena decisión en la vida. Pero eso no hace que los nuggets de pollo sean menos deliciosos.

No, no es conciencia lo que necesitamos, sino un plan de acción que facilite el logro de una alimentación saludable. He aquí algunas estrategias basadas en la investigación que vale la pena probar.

La primera es tomar las decisiones de alimentación antes de tener hambre. Si va a salir a comer fuera, elija el lugar donde va a comer por la mañana, no a las 12:30 PM. Si vas a pedir comida a domicilio, decide lo que vas a tomar después de un tentempié a media mañana. Los estudios demuestran que somos mucho más resistentes a la sal, las calorías y las grasas en el futuro que en el presente.

Otro consejo: en lugar de dejar que tu glucosa toque fondo alrededor de la hora de la comida, rendirás más si pastas a lo largo del día. Los picos y bajadas de azúcar en sangre son malos para la productividad y para el cerebro. Las comidas más pequeñas y frecuentes mantienen la glucosa en un nivel más consistente que si te das un festín a mediodía.

Por último, haz que los tentempiés saludables sean más fáciles de conseguir que los insanos. Coloca un recipiente de almendras y una selección de barritas de proteínas junto a tu ordenador, cerca de tu línea de visión. Utiliza un servicio de suscripción automática, como Amazon, para reponer las provisiones. Lleva una bolsa de fruta a la oficina los lunes para tenerla disponible durante toda la semana.

¿Es ambicioso llevar productos a la oficina? Para muchos de nosotros, la respuesta sincera es sí. Pero hay razones para creer que el esfuerzo semanal está justificado.

Las investigaciones indican que comer frutas y verduras a lo largo del día no sólo es bueno para el cuerpo, sino también para la mente. Un fascinante artículo publicado este mes de julio en la revista British Journal of Health Psychology pone de manifiesto hasta qué punto la comida afecta a nuestra experiencia diaria.

En el estudio, los participantes informaron sobre su consumo de alimentos, su estado de ánimo y su comportamiento durante un periodo de 13 días. Después, los investigadores examinaron el modo en que las elecciones alimentarias de las personas influían en sus experiencias cotidianas. Esta fue su conclusión: Cuantas más frutas y verduras consumían las personas (hasta 7 raciones), más felices, más comprometidas y más creativas solían ser.

¿Por qué? Los autores ofrecen varias teorías. Entre ellas se encuentra una idea que habitualmente pasamos por alto cuando decidimos qué comer para el almuerzo: Las frutas y verduras contienen nutrientes vitales que fomentan la producción de dopamina, un neurotransmisor que desempeña un papel clave en la experiencia de la curiosidad, la motivación y el compromiso. También aportan antioxidantes que minimizan la inflamación corporal, mejoran la memoria y el estado de ánimo.

Lo que subraya un punto importante: si te tomas en serio la posibilidad de alcanzar el máximo rendimiento en el trabajo, es esencial tomar decisiones inteligentes sobre la alimentación.

La buena noticia es que, al contrario de lo que muchos suponemos, el truco para comer bien no es aprender a resistir la tentación. Es hacer que comer sano sea la opción más fácil posible.

 

Fuente: https://hbr.org/2014/10/what-you-eat-affects-your-productivity?ab=at_art_art_1x4_s01